Por Facundo Sava
Hace unos poquitos días, el título de un noticiero deportivo decía exactamente "Todo Boca espera por Riquelme". Y surgió, entonces, una asociación rápida.
Phil Jackson fue un gran entrenador de básquetbol, que dirigió a los Chicago Bulls de Michael Jordan y compañía, entre otros muy buenos equipos, con los que salió campeón, aunque no a cualquier precio, como siempre expresó. En su libro Canastas sagradas (lectura obligatoria para todo entrenador de cualquier deporte), comentó que el secreto del éxito de aquel gran equipo superpoblado de figuras fue que todos los jugadores tenían un rol vital en el conjunto. Jackson detalló que necesitaba que esos hombres se conectasen con algo más grande que ellos mismos, que renunciasen a sus intereses personales por un bien mayor para que y, así, el colectivo resultara más que la suma de las partes.
Desde luego, no fue una tarea sencilla, más aún en una sociedad donde la celebración del ego es el pasatiempo número uno. Pero funciónó. Jackson agrega en su libro que los integrantes del equipo se "enchufaron" a la energia de unidad en vez de a la energia de un hombre. Y que, por esa misma razón, trascendió las fuerzas divisoras del ego que volvieron inútiles a equipos mucho mejor dotados.
Tras recordar y leer a Jackson, llegó, de nuevo, el tiempo de pensar en el noticiero deportivo de hace unos poquitos días. Y surgieron dos cosas. La primera es que -sin generalizaciones porque generalizar no es correcto- parte del periodismo sigue necesitando de lo individual por sobre lo colectivo y busca todo el tiempo una estrella que venerar. Y la segunda es que el mayor mérito de Falcioni y su cuerpo técnico junto con los jugadores fue no esperar a Riquelme, justamente lo contrario a lo que en la televisión se leía, como tampoco quedar lamentándose por la pérdida de Palermo, de Viatri o de algún otro jugador. Ellos hicieron honor a lo que Phill Jackson escribió en su libro: no hay nada más importante que el grupo.
Mi compañero Christian Dollberg siempre me contaba que uno de los secreto de Carlos Bianchi era que a todos los jugadores les daba la misma importancia. "Cuando tuve un problema familiar, Bianchi estuvo conmigo, me escuchó, me entendió y me aconsejó siempre. Y aunque no jugaba, un día estuvimos hablando como dos horas...", recordó Dollberg.
Se perciben notorias diferencias entre este Boca y el del campeonato anterior. Ahora todos festejan los goles juntos, la lucha de egos quedó en el pasado, los líderes del grupo entendieron que la unión hace la fuerza y que los intereses grupales están por encima de cualquier cuestión individual. Y esta union se ve reflejada en cada conferencia de prensa de Falcioni: se muestra relajado, contesta a todas las preguntas confiado y seguro de que el equipo que dirige juega sin la necesidad de mirar hacia el banco durante el partido.
Podemos discutir si nos gusta más o menos cómo juega desde lo táctico o si nos da placer verlo jugar. Lo que no podemos discutir es que todos juegan con un mismo objetivo. Eso le alcanza y le sobra para ser el mejor equipo de la Primera División del fútbol argentino.
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